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En
Buenos Aires unas 80 mil personas se congregaron para asistir a la
ceremonia de apertura de los I Juegos Deportivos Panamericanos de la historia,
el 25 de febrero de 1951.
Los
representantes de los países intervinientes sumaron aproximadamente dos mil
quinientos atletas pertenecientes a Argentina, Brasil, Colombia, Costa Rica,
Cuba, Chile, Ecuador, El Salvador, Estados Unidos, Guatemala, Haití, Jamaica,
México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Trinidad y Venezuela.
Argentina
era escenario de una competencia que se había planeado por espacio de dos
décadas. La idea de desarrollar estos Juegos nació en 1932 en ocasión de los
Juegos Olímpicos de Los Angeles, donde representantes de la mayoría de las
nacional americanas celebraron reuniones informales. Fue entonces cuando México
propuso la integración de la Confederación Deportiva de América.
En
los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936, se reafirmó el ideal y en las
reuniones de los delegados de los americanos, se aprobó y acordó la
celebración periódica de los Juegos Deportivos Panamericanos.
El
primer intento por unir a los deportistas de América en una fiesta de
confraternidad y competencia fue en Dallas, Estados Unidos, en 1937. En aquella
ocasión ondearon las banderas de Argentina, Brasil, Cuba, Colombia, Chile,
Estados Unidos, Paraguay y Perú.
Los
esfuerzos realizados culminaron con la celebración del Primer Congreso
Deportivo Panamericano en Buenos Aires, en 1940. En esta ocasión asistieron con
voz y voto delegados de 16 países, quienes, entre otras cosas, aprobaron la
moción para integrar el Comité Deportivo Panamericano, cuya principal
finalidad sería la de organizar, cada cuatro años, a partir de 1942 los Juegos
Deportivos Panamericanos. Asimismo se aprobó a Buenos Aires como sede de la
primera edición.
América
se vio afectada por la Segunda Guerra Mundial, y la organización de los Juegos
tuvo que ser interrumpida. Se aplazó la fecha en varias oportunidades, pero
Argentina renovó sus derechos cada año. Al concluir la guerra en 1945,
resurgió con mayor fuerza el propósito. En ocasión de los Juegos Olímpicos
en Londres en 1948, se reunieron los delegados americanos en el II Congreso
Deportivo Panamericano. Durante este Congreso se aprobó por segunda vez, la
celebración de los Juegos Continentales, y se fijó el año de 1951 como el
indicado para el nacimiento del evento deportivo más significativo de nuestro
hemisferio.
Pese
a una violenta tormenta que dañó algunas instalaciones, demorando un día el
inicio de las competencias, los juegos fueron un éxito. Concurrieron
delegaciones de 21 países. Los juegos se desarrollaron en 19 disciplinas
deportivas: atletismo, basquetbol, béisbol, boxeo, ciclismo, hipismo, esgrima,
fútbol, gimnasia artística, levantamiento de pesas, lucha, natación,
pentatlón moderno, waterpolo, polo, remo, tenis, tiro y yachting. El brillo de
los Juegos estuvo asegurado por el nivel de la representación argentina que
contó con el estímulo de los aficionados que siguieron las alternativas de las
distintas competencias en los diversos escenarios. Un detalle importante es el
de indicar quien encendió la llama Panamericana, siguiendo una tradición de
las citas olímpicas, fue un atleta griego, Juan Sassidis, el que ingresó a la
Argentina con un farol simbolizando el fuego olímpico, el que encendería el
pebetero con el fuego panamericano. Fue otro griego, Arístides Raybonis, el que
entregó a las autoridades del Comité Olímpico Argentino, parte responsable de
la organización, un ramo de olivo, símbolo de paz y confraternidad de los
pueblos. Cuatro décadas más tarde, el entusiasmo de los Juegos es
diametralmente superior al de los albores de los años 50. La llama panamericana
ha recorrido todo el continente, llevando su mensaje de unión y hermandad.
La
entidad que regula y determina las sedes de las competencias panamericanas, es
la Organización Deportiva Panamericana (ODEPA), cuyas oficinas centrales están
en la Ciudad de México. |